Parece mentira que de cinco personas que íbamos en un auto, nadie supiera cómo demonios cambiar un maldito neumático. O sea... claro, éramos cinco mujeres, pero ¿dónde quedó toda la idea de la mujer independiente del siglo XXI?
Estaba con mis amigas yendo a una presentación de teatro por la cual nos habíamos emocionado desde hace semanas. Quedamos en ir a la casa de una de ellas, porque el padre le había dejado el auto mientras él veraneaba con la mamá. Así que era la novedad: irnos en auto. Wao.
Andábamos felices y llenas de risas y que habla por aquí y se ríe por allá y que jijijí y jajajá y en una de esas distrajimos a la conductora - era inevitable - y se subió a un muro bajo de cemento que le reventó la llanta. Frenó y del susto se nos pasó la risa. Nos bajamos para ver la llanta en el suelo. ¿Y ahora? Estábamos en una callecita de esas por donde no pasa ni paja en bolas...
Así que llevamos el auto como pudimos a la gasolinera más cercana. La llanta se arruinó en el trayecto y tuvieron que cambiársela. Pero lo que nunca olvidaré será que luego, contándoselo a un amigo, éste me dijo "¿Y en serio, de cinco personas que estaba ahí, NADIE SABÍA CAMBIAR UN NEUMÁTICO?"
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